martes, 21 de septiembre de 2010

La vitrina roja

  
   Este último mes he estado muy atareada; el motivo: una vitrina que me ha traído de cabeza. Cuando llegó al taller, hace ya tiempo, estaba pintada de rojo, con las traseras y el fondo completamente inservibles debido a la humedad.... Se trataba de la parte superior de una impresionante vitrina, probablemente de mitad del s. XIX, con dos puertas centrales acristaladas y dos puertas laterales (una en cada costado) ciegas. Tanto el espacio central como los laterales albergaban estantes.
La parte inferior, se supone que con gavetas,
se había perdido.

 Lo primero que se hizo fue analizar el posible ataque de insectos xilófagos, una vez comprobado que no existía ni rastro de ellos ( la madera era tea, y no la atacan los insectos), se le hizo una limpieza a fondo, de polvo, moho...Dadas las dimensiones del mueble, se tomó la decisión de desarmarlo, -realizando previamente un croquis del mismo-,  para así poder quitar la pintura que lo recubría; además, de otra forma hubiese sido imposible acceder a todos su recovecos. Por otro lado había que retirar las traseras y el fondo para sustituirlos. Esta labor resultó harto complicada sobre todo con las cornisas y las traseras, pues como sabeis los que alguna vez habeis tratado de desarmar un mueble de cierta edad, los clavos que se utilizaban eran de tamaño considerable. Esto unido al hecho de estar oxidados, de haber entrado torcidos, o de partirse dentro del mueble cuando estás intentando extraerlos...acaba con la paciencia de cualquiera, y requiere fuerza y habilidad.
  
   Una vez concluído este proceso, comenzamos a quitar la pintura. Otra vez nos topamos con dificultades: la pintura no se levantaba con decapantes químicos..., así que se optó por métodos mecánicos para eliminarla: raspillas para arrastrar la pintura. Este fue sin duda el proceso que más tiempo llevó, y el más agotador. Pero la pintura desapareció.

 El siguiente paso fue cortar la madera para la base y las traseras. Así se pudo montar el mueble, ajustarlo, y una vez comprobado que todo estaba correcto,desarmarlo de nuevo y comenzar a darle el acabado, que en este caso se ralizó a base de barniz natural y cera. Después comenzamos a empapelar el interior ya que el cliente así lo había elegido. Primero el fondo, despues las traseras, y por último las partes fijas de la parte central y de los espacios de los costados (ver fotos).


   Una vez empapelado, se montó de manera definitiva todo el armazón del mueble (suelo y traseras) y las cornisas. Como ya os había dicho antes, la parte baja del mueble se había perdido, así que había que fabricarle una pequeña base que al mismo tiempo que aislase el mueble del suelo, no chocase con el estilo del mueble ni le restase equilibrio a sus líneas, y dejase los tiradores y cerradura (cuyos huecos había que respetar) a una altura óptima.







Se optó por una sencilla base de cuatro patas, rematada por dos ménsulas a juego con los remates de las puertas laterales. Este elemento, fabricado en madera de tea, y acabado de igual manera que el resto del mueble, le confirió una gran elegancia al conjunto.

   Aún quedaban un par de labores minuciosas, ajustar las puertas, proceso que llevó su tiempo, sobretodo las dos acristaladas, que presentaban bastante holgura y que finalmente se solucionó suplementando una de las hojas con un fino listón de tea; colocar los cristales a estas dos puertas; y colocar los estantes, fabricados a medida en madera de riga, y acabadados mediante tintes que imitan el tono del resto del mueble. 

   Ya solo faltaba colocar los herrajes, elegidos intentando que fuesen del estilo más apropiado al mueble, ya que los originales se habían perdido, y la cerradura(para  la que hubo que fabricar en madera un suplemento, ya que no se encontró en el mercado una cerradura apropiada que lo tuviese).

   Os he mostrado algunas fotos del proceso, y este es el resultado final. Ha sido agotador, pero ha merecido la pena...

                

"Me puedo caer, me puedo herir, puedo quebrarme, pero con eso no desaparecará mi fuerza de voluntad"
Madre Teresa de Calcuta
        

viernes, 30 de julio de 2010

Secretos de taller. EXTRAER CLAVOS Y TORNILLOS

Algo que en apariencia debería ser tan simple, puede, a veces, convertirse en algo desesperante. Además, en muchas ocasiones parece que alguien ha querido divertirse a nuestra costa, colocando clavos a diestro y siniestro. Para todas esas ocasiones en las que un clavo, o un tornillo quiera amargarnos un trabajo, os ofrezco estos trucos.

   En el caso de los clavos, como primera opción podemos probar a darle un golpe seco en la cabeza con un botador o martillo(A). De esta manera, solemos conseguir que se afloje y así poder aprisionar la cabeza y sacarlos apalancándolos. Realmente el problema radica en cómo hacer que la cabeza sobresalga, ya que una vez la tenemos fuera, existen numerosas herramientas con las que poder extraerlo. Por ejemplo, una magnífica herramienta, de fabricación casera podría se un formón viejo (20 o 25 mm. de ancho) en cuyo filo practicaremos una muesca en forma de "v" (B). Con el bisel del formón hacia abajo introduciremos la muesca a ambos lados de la cabeza del clavo, hundiéndolo en la madera (sin causar demasiados desperfectos); finalmente tan sólo deberá hacer palanca, basculando sobre el bisel del formón. Esta herramienta también puede servirnos para quitar las tachuelas de una tapicería.
  
El siguiente método es válido tanto para clavos, como para tornillos rebeldes. Es sabido que el hierro y el acero se dilatan con el calor, pues el procedimiento consiste en aplicar calor a la cabeza del clavo o tornillo, para que estos aumenten de tamaño, separen las fibras de la madera de su alrededor, y al enfriarse y recuperar su tamaño original, estarán flojos y podremos extraerlos. Para ello utilice la una punta de soldador o caliente con un soplete el extremo de una varilla de acero y aplíquela en la cabeza del clavo o tornillo (más rápido)(C).
En los casos en los que pueda acceder al ensamble, trate de abrirlo un poco insertando en la unión un formón o un hierro de cepillo viejos, a golpe de martillo, y haga palanca (D). Una vez tenga espacio suficiente, intente cortar el cuerpo visible del clavo con una segueta para metales. Una vez separado el ensamble, haga sobresalir las cabezas con la ayuda de un botador, golpeando el clavo por el lado opuesto y ya podrá sacar ambas partes haciendo palanca con unas tenazas y apoyándose siempre en un taco de madera, con el fin de no dañar el mueble y de ejercer mayor fuerza de apalancamiento(E).
  

En el caso de deformaciones en la ranura de los tornillos, pruebe a colocar la punta de un destornillador plano y no muy grueso en la ranura, y a darle golpes secos con un martillo. Esto hará que la muesca del tornillo quede marcada de nuevo y el tornillo se afloje a fuerza de los golpes. Con el mismo destornillador pruebe a girar, ejerciendo presión firmemente sobre la cabeza. A mí suele sacarme de muchos aprietos.

Cuando el tornillo está muy duro puede incrementar la fuerza de torsión fijando un sargento pequeño a la pala del destornillador, usándolo de asidero, además del mango.

Otra fórmula es el extractor de tornillos, que se usa de la siguiente manera: señale con un punzón el centro de la cabeza y taladre un agujero guía de unos 3 mm. de diámetro hasta introducirse en el cuerpo del tornillo. Inserte la punta del extractor (que viene a ser como un sacacorchos) en el agujero y atornille hasta que esté firme. A continuación desenrósquelo; el extractor y el tornillo deberían salir juntos.

Por último, y a mi parecer como última solución, podemos usar este invento para extraer tanto clavos como tornillos. Se trata de un trozo de tubo hueco de acero o hierro de unos 8 cm. de largo y 10 o 12 mm. de diámetro, en uno de cuyos extremos deberemos tallar con una lima una serie de dientes pequeños en todo el perímetro (F). El tubo deberá caber en el mandril de la taladradora, si no es así, puede introdudirle una clavija de madera por el extremo no dentado, hacerle un pequeño agujero pasante, en el que quepa un clavo, tanto al tubo como a la espiga para fijarlos, ya que deben girar juntos, y por último ajuste la madera al tamaño de la boca del taladro. Ahora puede taladrar alrededor de nuestro elemento de discordia; normalmente con un mínimo de taladro el tornillo o clavo, ya estarán flojos como para sacarlos con unos alicates de punta fina. Efectivamente queda un agujero, es por ello que considero este método muy agresivo para un mueble antiguo, sobretodo si el clavo o tornillo está en una zona visible, pero es cierto que a veces es el único remedio. El agujero lo reintegraremos con un tarugo o con masilla.

   Espero que estos consejos os ayuden a no cogeros un ataque de nervios!.

viernes, 9 de julio de 2010

Secretos de Taller. Limpieza de bronces

   Se llama "bronces" a las bocallaves, los tiradores, los perfiles, los embellecedores de patas o los adornos de bronce. Recibirán el nombre de "herrajes" esas mismas piezas cuando son de hierro.

   El bronce es una aleación de cobre y estaño. Hoy en día se emplea cada vez más el latón, que es una aleación de cobre y zinc, menos noble pero más blanda. Ambas son de color amarillo brillante.

    Algunos bronces son dorados, también llamados "ormolú" (ya que derivan de la expresión francesa bronze doré d´or moulu o bronce dorado), es decir, recubiertos de una fina capa de oro de ley. Antes de proceder a su limpieza habría que saber si el bronce está dorado o no, porque aunque tradicionalmente se ha usado el amoniaco como limpiador del bronce, este producto destruye el oro, por lo que con los bronces dorados hay que tener un cuidado especial. En cualquier caso, sólo muebles excepcionales y muy antiguos, poseen bronces dorados de oro de ley. Si tiene un mueble muy antiguo y tiene dudas, no lo toque, llévelo a un restaurador.

   En el caso de que se trate de un bronce dorado, deberá proceder con una limpieza muy poco agresiva. Primero se desmontará el bronce, y se pulverizará con un limpiador de hornos casero o se sumergirá en agua muy caliente con detergente de buena calidad. Ambos productos llevan agentes quelantes, que son los encargados de desprender la suciedad y grasa depositadas en la superficie, sin dañar el oro. Elimine la suciedad frotando con un cepillo de dientes viejo y aclare abundantemente con agua limpia. Nunca utilice un limpiador de metales o lanilla con un bronce dorado, ya que se llevará el oro y arruinará la pieza. Para ambos métodos, si el resultado es un amarillo vivo y brillante, indica que los bronces son dorados. Si no son dorados, este tratamiento no tendrá efecto y habrá que llevar a cabo una limpieza más radical.

   Si tiene claro que el bronce no está dorado, puede llevarse a cabo la limpieza de varias formas, dependiendo del grado de suciedad. Lo más sencillo es intentar sacarle brillo con una lana de acero fina (triple cero), en seco o con la ayuda de un poco de cera, y sin necesidad de desmontarlos. Si la suciedad persiste, use un producto limpiador especial para cobre, plata o latón, pero teniendo cuidado de no insistir en los engastes, ya que se llevaría esa pátina tan valiosa y que tantos años ha tardado en formarse. Estos productos son corrosivos, por lo que no debe olvidar proteger la madera, ya que si nó, puede estropear el barniz o cera que la recubre. Después repase los bronces con pequeño cepillo mojado en agua, para evitar que queden sedimentos blancos o verdosos del producto en los recovecos. Cuando estén secos, encérelos con cera incolora o clara.

   Por último queda la limpieza a fondo, si los bronces están muy oxidados. En este caso, el único modo de hacerlos relucir es desmontarlos y decaparlos con amoniaco. Ver truco para extraer tornillos o clavos rebeldes.

   Sumerja los bronces, según su grado de oxidación, en una palangana llena con una solución de amoniaco y agua a partes iguales, o en el caso de que aún así no fuera suficiente en amoniaco puro. Insisto en la importancia de conservar la pátina de los bronces, a fin de que no reluzcan demasiado,y de no perder esa valiosa pátina, así que es importante controlar el tiempo de sumergido. Con unos segundos si se trata de amoniaco puro es suficiente.

   Es conveniente realizar la limpieza de los bronces uno a uno, ya que al sacarlos del amoniaco hay que limpiarlos inmediatamente pues si nó se oxidarían, y si tenemos varios sumergidos, mientras limpiamos uno, los otros estarían demasiado tiempo en el amoniaco.
  
   Con unos guantes saque el bronce y cepíllelo con un cepillo metálico fino; aclárelo enseguida con mucha agua, séquelo con un trapo o con serrín, como antiguamente. Finalmente dele brillo con una lana de acero muy fina y finalmente puede protegerlos de la oxidación con un barniz incoloro para metales o con cera incolora o clara.

   Detalles a tener en cuenta:

   * Para usar el amoniaco, hay que hacerlo al aire libre y llevar guantes, mascarilla y gafas.

    * Para limpiar los bronces que son demasiado grandes para sumergirlos en una palangana de amoniaco, utilice un producto de limpieza para llantas de coches o un producto para la plata, ya que para que el amoniaco haga efecto, es preciso que el bronce esté sumergido por completo, si nó, se oxida en lugar de limpiarse. Seque el bronce con alcohol de quemar, de barnizar, o doméstico.

    * Para evitar mezclar los bronces y los tornillos una vez desmontados del mueble, es conveniente que los numere por detrás, haciéndoles una pequeña marca con una lima. En el caso de los tornillos fíjese bien en su colocación, póngalos sobre una hoja de papel en la que habrá hecho previamente un boceto de la forma del mueble. Esto es muy útil, pues no todos los tornillos son iguales, y por tanto los agujeros no tienen los mismos diámetros.
   
    * Cuando los bronces estén fijados con clavos, ayúdese de un formón viejo, haciendo palanca en el bronce. Un cartón le servirá para proteger la madera y con unos alicates podrá extraer los clavos.

  
  

Michael Thonet y la revolución del haya vaporizada.

  La sillas de madera curvada originales, fueron desarrolladas por el "cabinetmaker" y diseñador austriaco Michael Thonet (1796-1871). Como artesano, creció en el ambiente "Biedermeier", que concedía suma importancia a la sencillez, comodidad, gracia y funcionalidad; sin duda pude considerársele precursor del Art Nouveau. A partir de 1830 empezó a ensayar nuevas técnicas, sin las, hasta entonces habituales, tallas y ensamblajes de la madera. La solución que primero encontró, procedía de la construcción naval y consistía en el empleo de calor y agua para curvar tiras de madera, laminadas conjuntamente y moldeadas de la forma deseada (previamente, en 1808 el americano Gragg, patenta en Boston un sistema de plegado de la madera curvada mediante vapor). En 1841 Thonet había avanzado en sus ensayos hasta el punto de obtener patentes en Francia, Inglaterra y Bélgica; en la misma década aplicó nuevos procedimientos en muebles que suministró al Palacio Liechtenstein de Viena. Los modelos que diseñó para este prestigioso encargo, fueron los precursores de los muebles de madera curvada que hoy se producen con maderas sólidas, tratadas al vapor y trabajadas para darles forma, y que coparon gran parte del mercado de masas europeo y americano en la segunda mitad de siglo.

   Él convertía largas varas de haya de una sección de 3x3 cm. en una madera fuerte, ligera y extremadamente flexible, doblándolas mediante vaporizado (las hacía pasar, ya torneadas, por el autoclave, que era una marmita cuya cubierta se mantenía herméticamente cerrada por la presión interior del vapor). La humedad absorbida por la madera la hace tan flexible que es capaz de soportar curvaturas de un radio muy estrecho. Después las metía en moldes de acero sujetas con gatos o sargentos, y las dejaba secar. La madera de haya mantenía definitivamente la forma adoptada, y a pesar de ello conservaba una notable elasticidad.

   Cuando se completaba el proceso, las piezas curvadas eran lijadas, teñidas, barnizadas y enviadas empaquetadas por barco al lugar de destino, donde eran ensambladas. Una silla básica consistía en cinco u ocho piezas de madera curvada y un asiento de madera contrachapada o de rejilla de caña. El asiento de rejilla era tejido a máquina y después insertado y pegado con cola en la ranura del asiento, o tejido a mano (ver entradas dedicadas a sillas de rejilla). Todas las piezas estaban atornilladas entre sí. El resultado era un mueble ligero, fuerte y elegante, que gracias a la producción industrial, a la eliminación del proceso de ensamblado y a la fácil manera de transportarlo (desarmado y empaquetado), redujo considerablemente los costes de producción.

   La silla de madera curvada fue exhibida con tremenda expectación en La Gran Exposición de Londres en 1851, y anunció el mayor movimiento moderno en el diseño y producción de muebles. El bajo coste de las que se llamaron sillas "Viennese Café", las volvieron famosas en el mundo entero. La silla más famosa de Thonet fue la nº14, formada por sólo seis piezas y unida por unos pocos tornillos; sólo hasta 1911 se produjeron 50 millones de ejemplares de este modelo, y se estima que tres veces esa cifra fue producida en imitaciones. Cuando la patente de Thonet expiró en 1860, fue cogida por la Hewlett and Company of London. A finales de siglo, más de 1000 diferentes diseños de madera curvada habían sido vendidos, entre ellos, percheros, mesas y sillas de diferentes descripciones, incluída la bien conocida mecedora.

   Un detalle importántísimo a tener en cuenta de este diseñador es que la típica curva en forma de bucle de sus diseños, anticipa la línea en "forma de látigo" del Art Nouveau.

   Los auténticos diseños de madera curvada fueros identificados con números, siguiendo el sistema original y nada absurdo de Michael Thonet.
  
   Sucursales de la Hewlett and Company, establecidas en cada esquina del mundo industrializado, servían sus modelos a tiendas y distribuidores. Otras muchas compañías, sobretodo en Centro Europa, donde el haya es abundante, imitaron los diseños de madera curvada y sus métodos de producción, y también vendieron sus muebles a lo ancho del mundo.

   Para distinguir los modelos originales de estos últimos tenemos que saber que una silla de madera curvada original, siempre lleva una etiqueta de papel pegada debajo del asiento antes de salir de fábrica.

   Los diseños de Thonet continuaron siendo populares a lo largo del siglo XX; sus sillas para niños fueron resucitadas por las escuelas y guarderías de los años 20. Desafortunadamente, algunas pobres imitaciones llevadas a cabo entre los años 20 y 30 le dieron a los muebles de haya curvada la reputación de ser débiles.

   Aún hoy en día, en pleno s. XXI, se siguen haciendo buenas reproducciones, sobretodo en Taiwan, y es que los muebles de Thonet tienen una elegancia intemporal, debida a la perfecta concordancia entre la forma deseada y el método de factura.

   Detalles a tener en cuenta:

   *Algunas de estas sillas tienen tapones de madera cubriendo los tornillos. Si vas a comprar alguna, asegúrate de que no los haya perdido (revaloriza la pieza).
  
   *Mira por dentro de la silla y asegúrate de que las patas delanteras están perfectamente encoladas y atornilladas. Es importante que los arreglos de estas sillas se hagan rápidamente para evitar deformaciones de la madera.
  
   *Revisa que estén todos los tornillos y reemplaza los que tengan el tamaño o tipo inadecuado, por los correspondientes.

      

viernes, 2 de julio de 2010

CLASIFICACIÓN DE LA MADERA

   En muchas cocasiones habremos oído clasificar las maderas en "blandas" o "duras", y no hemos sabido exactamente que significado tienen esos términos. Os los explico:

    El uso de esos términos tiene un origen histórico y debemos considerarlos como una clasificación general que presenta muchas excepciones. Las palabras "madera dura" se aplican a la madera de árboles de hoja ancha, independientemente de que sea caduca o perenne. Los términos "madera blanda", describen la madera de las coníferas, los árboles con hoja en forma de aguja.

   Las maderas duras no son necesariamente más resistentes (no tienen por qué poseer más densidad) que las maderas blandas; por ejemplo el pino de Oregón, una madera blanda, tiene la misma densidad que la caoba africana, una madera dura, y muchas especies de madera dura tienen densidades inferiores.

   En la práctica, existen muy pocas aplicaciones y usos de la madera que no puedan resolverse con las especies de madera blanda. Lo que no es posible imitar es la atracción visual de las maderas duras decorativas, así como la fuerza de las maderas duras más densas para algunos fines específicos.

   La mayoría de las maderas blandas proceden de las regiones de clima templado, incluídos Reino Unido, Escandinavia, Rusia y Norteamérica. En general cuanto más bajas sean las temperaturas invernales, más lentamente crecen los árboles, y de mejor calidad son las maderas blandas. Muchas maderas duras procedentes de climas templados son atractivas y adecuadas para numerosos propósitos, aunque algunas de ellas no son duraderas, y por tanto no son adecuadas para el uso en exteriores, a menos que reciban el adecuado tratamiento.

   La mayoría de las especies de madera dura proceden de África, América Central y del Sur, y del Lejano Oriente.

   El comercio de la madera ha tenido que ser regulado para evitar la extinción de algunas especies, y para ello se ha creado la lista del CITES (Convention on International Trade in Endangered Species). Esta lista tiene dos categorías diferenciadas: el Apéndice I incluye la lista de maderas con las que está prohibido comerciar, y el Apéndice II, incluye aquellas especies que pueden llegar a estar amenazadas si no se regulan su comercio y su explotación. El comercio con estas segundas requiere que el gobierno del pais de origen emita un permiso de exportación y que el pais receptor emita otro permiso de importación.

   Otro día hablaremos de los diferentes tratamientos para aumentar la durabilidad de la madera.
 
   Un saludo, y recordad,

  "Invertir en conocimientos produce siempre los mejores intereses"


                                 Benjamin Franklin

  

martes, 25 de mayo de 2010

Alfombras orientales. Introducción histórica, materiales y técnicas (I)

Las alfombras orientales anudadas a mano son uno de los logros artísticos más gloriosos del hombre, y ello se debe fundamentalmente a que, para sus fabricantes, no se trata tan sólo de un objeto con el que recubrir el suelo. Realmente, su elaboración ocupa gran parte de la vida de sus tejedores, y la delicadeza de sus dibujos y su interpretación artística, constituyen los elementos fundamentales de su historia y cultura.

A pesar de ello, y de que en los siglos XVI y XVII las alfombras orientales eran codiciadas y atesoradas por gran número de gobernantes y aristócratas, y -en el s.XVII- por la burguesía rica, el reconocimiento y el aprecio del tejido oriental ha ido decreciendo. Tanto en términos críticos como comerciales, el tejido de la alfombra oriental, es la menos reconocida de las grandes formas artísticas.

Por supuesto, el tejido de alfombras no es un asunto exclusivamente oriental, ya que en Europa también existe una larga y expléndida tradición en la producción de alfombras, siendo la Península Ibérica una de las regiones de tejido más conocidas, lo que no es sorprendente dada su influencia árabe, o como lo son los paises del Este europeo que circundan los Balcanes, ya que estuvieron largo tiempo bajo dominio turco. También tienen una larga tradición en el tejido de alfombras y tejidos Inglaterra, Francia, Alemania, Escandinavia, Suiza, Italia y Polonia. De todas formas, caben pocas dudas de que en Occidente su importancia artística ha sido apenas reconocida.

Las alfombras orientales pueden clasificarse en dos tipos según la manera en la que han sido realizadas: alfombras de mechones anudados y alfombras de tejido plano o de tipo tapiz. Generalmente se piensa que el tejido de pelos, o anudado, técnica usada para hacer las alfombras más elegantes, es una variante del tejido liso o de tapiz, y puede haberse empezado a utilizar en el periodo neolítico, entre los siglos IX y VII a.C.

En 1947, se descubrió un alfombra entera de mechones anudados, en la cámara mortuoria de un príncipe escita del s.V a.C., en Pazyryk, Siberia (imagen derecha). Hoy en día es el ejemplar más antiguo que existe, y su sofisticación, con doscientos nudos simétricos por pulgada, probablemente de origen persa, indica que la trama de anudado, era ya un arte antiguo en su época. Esta pieza, se encuentra en el Museo Hermitage de San Petersburgo.

El arte de tejer alfombras los practican varios grupos sociales del mundo. La mayoría de las alfombras anudadas a mano están hechas en Iran, Turquía, Rusia, Rumanía, Bulgaria, Afganistan, Turquestan, China, India y Paquistán. Algunas otras de textura y ligadura plana, conocidas como kelim o gelim, proceden de los indios de Norteamérica, de Méjico y de Sudamérica.

Respecto a los materiales con los que son fabricadas podemos decir que en el caso de las alfombras de mechones anudados, en el tejido de trama y urdimbre del basamento se usa el algodón y el yute, mientras que el mechón normalmente está hecho a base de lana de cordero hilada, aunque en algunos casos también es usado, por algunas tribus nómadas, el pelo de cabra y el de camello. Las alfombras turcas de Kayseri, son una excepción, pues están tejidas íntegramente con algodón. Este algodón ha sufrido un proceso químico, llamado mercerización, que proporciona a la superficie de las fibras unas cualidades de suavidad, fineza y lustre, que hacen que suela designarse como seda artificial.

Las alfombras más prestigiosas y solicitadas de todas la alfombras orientales anudadas a mano son las realizadas de verdadera seda natural.

Las alfombras tipo tapiz como las kelim y sumak suelen estar hechas de lana, o de una combinación de lana y algodón.

Como vereis, para apreciar en todo su valor la destreza de estos artistas, es importante tener conocimiento de los principios básicos del tejido de las alfombras, ya que existen importantes diferencias estructurales entre los distintos tipos de alfombra; pero lo que realmente le confiere valor, caracteriza y distingue unas alfombras de las otras, es su enorme variedad en cuanto a texturas, color y dibujos. Estas diferencias ayudan a los expertos, al mismo tiempo, a establecer la fecha y el lugar de origen de cada pieza.

Así mismo, las sutilezas de color y textura son tremendamente importantes para un buen restaurador, ya que ofrecen la posibilidad de llegar a una buena reparación. Hay que tener en cuenta que todas las alfombras orientales están hechas con un material perecedero, las fibras naturales, y es inevitable que en el transcurso de los años, hata las alfombras más apreciadas acaben sufriendo deterioros (pérdida de pelo, daños en orillos, flecos, bordes...).

Otro día hablaremos más en profundidad del anudado y del tejido plano, daré algunas pautas que nos pueden ayudar a distinguir un alfombra cosida a mano de una cosida a máquina y algunos trucos de limpieza.

Saludos!

sábado, 15 de mayo de 2010

Técnica "Boulle"

   El  "Boulle" es una forma de marquetería, a base de latón y carey, desarrollada y perfeccionada por André Charles Boulle (1642-1732) en la Francia de Luis XIV. También se suele calificar con este nombre a muchas piezas que fueron realizadas a finales del s. XVIII y durante el  s.XIX, cuando esta técnica cobra un nuevo impulso.
   El procedimiento consistía, básicamente, en pegar unas finas láminas de latón y carey sobre la superficie de un papel en el que se había dibujado el diseño; luego se cortaba con una sierra de marquetería. Las piezas así obtenidas se separaban y se volvían a juntar combinándolas entre sí, obteniendo de esta forma dos tipos de marquetería; una con el fondo de carey y el dibujo de latón, llamada "première partie" y la inversa o "contrapartie". A veces se le añadían otros materiales como la plata o la madreperla, para mejorar el efecto decorativo. Otras veces se le grababan finas líneas al latón, que luego se rellenaban de un pasta coloreada, realzando su apariencia.
   De Boulle, hay muchos bellos ejemplos, aunque quizás sean dignas de mención las famosas cómodas que realizó en 1709  para Luis XIV y que se complementan entre sí ("premiére partie" y "contrapartie"). Este magnífico ebanista fue el padre de esta tipología de mueble. El diseño que vemos en la foto es uno de los más antiguos en cuanto a cómodas se refiere.

martes, 11 de mayo de 2010

El Lápiz


Os habeis parado a pensar que algunos de los diseños más interesantes, son los objetos más cotidianos y sencillos? Como por ejemplo el lápiz. La fabricación en serie de este elemento tan común en nuestras vidas tuvo comienzo en la Alemania del s. XVII. Actualmente se hace de la manera que aparece en la imagen:

          * la madera (de cedro) se corta en bloques cuadrados y después en tablillas finas.
          * estas tablillas, que tienen la mitad del grosor del lápiz acabado, han de ranurarse para albergar el grafito.
          *seguidamente encolamos dos tablillas a modo de sandwich, dando lugar al lápiz que ya está listo para pintarlo, o usarlo directamente.

                     Me encanta saber el origen de los objetos que usamos...y a vosotros?
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