domingo, 27 de abril de 2014

Restauración de una caja de Tea. Breve historia de las cajas en Canarias.

Hola amigos, espero que hayan tenido una feliz Semana Santa. Yo pude tomarme unos días de descanso y me siento como Popeye... ¡tras comer una de esas latas de espinacas!.

Quiero hablaros uno de los últimos trabajos del taller; se trata de una caja de tea, proveniente de la isla de La Palma y que podemos fechar (hasta donde sabemos*) a finales del s. XIX.

*La explicación de "hasta donde sabemos", es que la antigüedad de esta tipología de mueble puede remontarse hasta la Conquista de Canarias, finales del s.XV- principios del s.XVI, y generalmente estas cajas, arcones o baúles, se heredaban, generación tras generación, y o bien permanecían en los salones de las casas cuando su aspecto era más rico, o bien acababan en las bodegas o en los cuartos de apero, cuando su aspecto era más humilde. En la mayor parte de los casos, sabemos de su antigüedad por la tradición oral: el nieto que la hereda y decide restaurarla, porque la abuela la tenía en su habitación para guardar las sábanas, o las mantas... Por supuesto, hay otras formas científicas que nos ayudarían a datar con mucha más fiabilidad, pero cuando tratamos con clientes privados, tenemos el problema del presupuesto, y esto hace que tengamos que escatimar en gastos. Así que, en estos casos, nos basamos en lo que el cliente nos puede contar acerca del mueble en cuestión, de lo que el mueble en cuestión nos cuenta sobre sí mismo (que suele ser mucho...aspecto de la madera, tipo de ensambles, clavos, herrajes, etc.) y de nuestros conocimientos en historia del mueble.

Antes de mostraros la restauración de esta pieza en sí, me gustaría hablarles de la historia de estos muebles tan populares y queridos en Canarias, y para ello tenemos que remontarnos al origen de las arcas y cajas. Estas piezas se encuadran dentro de la tipología de muebles de guardar.

Arca mudejar taraceada, primer cuarto s.XVI
Es uno de los primeros muebles usados por la humanidad. Sabemos por los restos y evidencias halladas, que ya los egipcios, griegos y romanos guardaban sus enseres en arcas, aunque no sea frecuente encontrar referencias en los libros de arte porque sus formas fuesen muy simples. Hemos de tener en cuenta que las primeras evidencias de armarios las encontramos en época helenística, y su uso más probable era el de la conservación de libros o el almacenamiento de la vajilla. Así pues, era el arcón el que se usaba para guardar la ropa y elementos textiles entre otros enseres.

Arcón francés, finales s.XV
Ya en época medieval, encontramos que el arcón es el mueble más común, ya que servía para trasladar mercancías y para guardarlas en su destino. El hecho de que se usasen para ambos fines, da lugar a diferentes tipologías: el de tapa lisa, se usaba para almacenamientos fijos y solía tener patas, e incluso con más probabilidad estuviesen decorados (la riqueza de los adornos dependería de la clase social de su dueño); los usados para viajes, no tenían patas, lo que le aportaría mayor estabilidad, y su tapa era abovedada, lo que favorecía que corriese el agua, en caso de lluvias, o de temporal en los barcos.
Cassoni nupcial florentino, s.XV

Arca de novia alemana, s.XVI
En el s.XVI, se generaliza el uso del armario, y las arcas pasan a ocupar un lugar en el dormitorio, siendo generalmente el lugar en el que se guardaba en ajuar femenino (arcas de novia).


Si hablamos de la Historia del Mueble en España, el arca será el mueble más representativo, quedando relegada a ámbitos populares, cuando en el s.XVII surge la cómoda.

Solemos referirnos a este tipo de mueble de variadas maneras: arca, arcón, cofre, baúl, arquetas, arquillas (para las más pequeñas).

En Canarias las conocemos generalmente como cajas, arcones o cajas de cedro (aunque no esté fabricada en esta madera).
Caja de tea sobre sotobancos tallados

Como apuntaba anteriormente, esta tipología mobiliar llegó con toda probabilidad a Canarias tras la conquista, y serían del tipo de tapa abovedada (recordemos que eran las usadas para los viajes) y fabricadas con maderas poco comunes en Canarias.

Cerradura de escudo y lengüeta
Una vez se comienzan a fabricar en las islas, se usarán las maderas locales: tea, barbusano o cedro canario. Al trabajar con tea, siendo ésta una madera tan complicada de labrar, hubo que adaptar las formas constructivas, y así encontraremos que las cajas de tea son muy simples en sus formas y sin apenas motivos decorativos. Las cerraduras suelen ser de escudo y lengüeta.

Los orígenes de las cajas de cedro, sin embargo, no son tan fáciles de dilucidar. Muchos afirman que su procedencia es cubana, traídas pues a Canarias por los emigrantes que partieron a Cuba y posteriormente regresaron con estas piezas guardando sus pertenencias; las tapas curvas y las etiquetas distintivas que aún se conservan en algunos ejemplares, así lo atestigüan.
Caja de cedro sobre sotobancos tallados

Ensamble de diente de perro
Pero hay detalles que hacen que esta teoría se tambalee. Por un lado, en Cuba se las llama "cajas canarias", asegurándose que las traían los canarios emigrantes; por otro lado, el hecho de que las cajas de cedro estuviesen fabricadas con una madera de alta calidad y el complicado trabajo de sus ensambles exclusivamente decorativos (cola de milano ornamental o de diente de perro), no corresponde con la apariencia que solían tener los baúles de viaje, por lo general de inferior calidad, y mucho menos con la capacidad adquisitiva de un emigrante.

Así pues, hay otra hipótesis apuntada Mª Teresa Valle Quesada en su libro "El mueble tradicional en Gran Canaria", que me convence:

"Las cajas llegarían en su primer momento de la Península Ibérica, concretamente de Andalucía", donde eran muy comunes desde los s.XVI y XVII, "y de allí pasarían a Cuba, llevadas como cajas de viaje por los emigrantes de alto nivel económico. El modelo fue imitado e incorporado a las cajas de cedro fabricadas en Cuba, que luego se enviaban al Archipiélago cargadas principalmente de tabaco o cumpliendo la función de baúles de viaje de los emigrantes canarios que regresaban. Esta teoría podría justificar que en la actualidad se piensa en Canarias que tanto las cajas de cedro como su ensamble son de origen cubano".

Por último hablarles de un modelo, no muy común en Canarias: se trata de la caja con con tapa en forma de artesa invertida, que guarda muchas similitudes con modelos de cajas de las Azores. En Espacio Restaurata tenéis un ejemplo a la venta.


Pasemos ahora a hablar de nuestra caja. La que llegó al taller procedente de La Palma.


Se trata de una caja de tea, fabricada según las maneras comunes en Canarias:
  • sobriedad decorativa
  • tapa plana, lo que nos revela su uso doméstico.
  • sin patas (bancos o sotobancos).
  • cola de milano sencilla (al tratarse de tea sería imposible realizar un diente de perro)
  • no tiene escanillo (pequeño compartimento interior, más común en las cajas de cedro)
  • tapa rematada con guardapolvos (molduras).
  • la tapa se une al tablón trasero mediante goznes
  • la cerradura que presenta no es la original, que debió ser de escudo y lengüeta sencilla.
Al llegar al taller, presentaba un aspecto deplorable. Mucha suciedad acumulada, fruto de años de abandono; la parte de baja estaba bastante deteriorada debido al constante contacto con la humedad del suelo de la casa antigua donde se encontraba almacenada; numerosas roturas, grietas y pérdidas de madera.


La cerradura, había sido sustituida en algún momento por una interior (la de escudo y lengüeta es exterior) y al hacerlo, se deterioró la madera de la zona, por lo que la caja presenta un implante de madera de tea y una cerradura, de principios de s.XX. La cerradura no funciona y no se aporta llave.

Comenzamos la labor por una buena limpieza a base de agua y jabón neutro, ayudándonos de un estropajo de acero suave. La tea es una madera muy resistente y aunque la suciedad asusta bastante, en un par de jornadas la caja parecía otra.

Tras la limpieza comenzamos a consolidar la base, afectada por la humedad.
 ...Y rellenamos grietas importantes. Hay que tener en cuenta que se trata de una pieza tosca, y como tal debemos respetar sus nudos, oquecades propias de las madera, etc.
En este momento nos centramos en el arreglo de la cerradura, que aunque no era la original, decidimos conservar. Varias partes del mecanismo se habían partido, así que volvimos a remacharlas, y tras comprobar que funcionaban nos tocaba encontrar una llave apropiada. Por suerte no resultó una labor tan complicada, así que ahora sólo faltaba hacerle las muescas a la guarda (parte de la llave donde se encuentran los "dibujitos" que la hacen única y permiten encajar con el mecanismo de la cerradura).

Una vez seca la masilla, lijamos y enrasamos con el resto de la superficie. Teñimos con un tono pino-tea, para igualar el tono de la masilla con el de la madera, para corregir cualquier pequeña despigmentación en la madera y resaltar el color natural de la misma.

Y por último aplicamos el acabado, que en este caso va a ser a la encaústica: en un cazo ponemos cera de abejas y un poco de cera carnauba (al ser más dura, permite que el preparado tenga un poco más de cuerpo para rellenar posibles grietas y huequitos), cuando derrita añadimos tinte en polvo soluble en medio graso, que se asemeje al color de la madera que vamos a nutrir, apartamos del fuego y añadimos trementina para que la cera sea untuosa y no se nos cuartee.

La cera se aplica en caliente y cuando solidifique retiramos el exceso, ayudándonos por ejemplo con cuñas o tacos de madera, y pulimos para conseguir ese brillo tan cálido que sólo aporta la cera...

Y qué decir del tacto que proporciona tocar una madera como la tea encerada...

                            Y éste es el resultado tras pulir la cera y colocar la cerradura...
  Y ya colocada en su casita...

                   Como veis, hemos preservado la imagen tosca, propia de este tipo de piezas, pero le                                                     hemos devuelto funcionalidad y belleza.

           Próximamente, el proceso de restauración de un curioso reloj de finales del s.XIX

¡Un abrazo!

lunes, 3 de febrero de 2014

Restauración de una pequeña silla isabelina

¡Hola amigos!, ante todo Feliz Año, que aunque vaya con retraso, ¡las intenciones son las mismas!.

Lamento haber estado alejada del blog estos últimos meses, algo que desde luego ha sido en contra de mi voluntad. La campaña navideña en Espacio Restaurata, una infección de oídos y posterior gripe, unido al trabajo del taller..., me lo han impedido. Pero ya todo está en orden, y me siento con ánimos para escribir el primer artículo del año, así que, ¡vamos con ello!.

Quiero mostraros el proceso de trabajo de esta pequeña silla isabelina, de finales del s.XIX, por una razón fundamental: se trata de una restauración basada en el principio de la "mínima intervención". Es decir, aunque siempre procuramos ajustarnos a los principios básicos de la restauración, muchas veces nos vemos obligados a retirar un acabado (barnices generalmente), porque está muy deteriorado, o rehacer por completo un asiento de rejilla, porque tocar sólo la parte afectada no garantizaría la funcionalidad del mismo.

Hay que tener en cuenta, que el cliente particular, en general, suele regirse por criterios de funcionalidad. En este caso, esta sillita de finales del s.XIX no iba a tener un uso cotidiano; su dueño la quería como objeto de exposición, y ese hecho nos permitió realizar una restauración más propia de un museo, que las que realizamos generalmente para un cliente particular.

La silla, lacada en negro, policromada a base de decoración floral y de guirnaldas y con incrustaciones de nácar o madreperla, presentaba gran cantidad de suciedad acumulada en su superficie, y un barniz muy amarilleado, que ocultaba el colorido de la policromía y de las incrustaciones de nácar. El asiento de rejilla artesanal, presentaba un pequeño roto; y la estructura de la silla estaba desencolada.

Así pues, comenzamos nuestra labor rehaciendo el pequeño agujero que se había formado en el asiento de rejilla. Para ello hubo que eliminar todas las tiretas que participaban en el roto. Un agujerito tan pequeño..., ¡y la lata que da!... Al acabar el trabajo, le aplicamos una pátina a las tiretas nuevas, para integrarlas con el resto. Con este labor, hemos conseguido salvaguardar el asiento original del s.XIX, eso sí, ¡no es un asiento en el que podamos sentarnos todos los días!.














En esta imagen de la parte baja del asiento, se ve claramente cuáles son las tiretas que hemos tenido que sustituir para reparar el roto (las de color más claro).
Pasamos ahora al encolado general, labor sencilla, que realizaremos con cola animal, ya que es la que se usó originalmente. Recordemos que la cola animal la compramos deshidratada, y que por tanto, antes de calentarla al baño maría, debemos dejarla en remojo para que se hidrate, unas 12 horas. Es entonces cuando la calentamos y podemos usar. Utilizamos prensas para sujetar la estructura de la silla en su correcta posición hasta que la cola se enfríe, momento en el que alcanzará su máximo nivel de adherencia. Yo suelo dejarlas unas 12-20 horas (¡manías!).

A continuación, realizaremos la limpieza del acabado de la silla. Como se trata de pintura al óleo, elegimos hacer una cata (pequeña prueba en alguna zona no muy visible) con alcohol ( no removerá la pintura al óleo), ya que todo apuntaba a que se le hubiese aplicado, a lo largo de los años, numerosas capas de goma-laca, que con el paso del tiempo habían amarilleado y oscurecido, ocultando la belleza de la policromía y de las incrustaciones de madre-perla.


Tras la labor de limpieza, realizamos los retoques pictóricos adecuados, que ayudarán a disimular las lagunas existentes en algunas zonas de la policromía.

El alcohol permitió retirar perfectamente la suciedad y el barniz, pero deja la superficie mate, así que para protegerla y devolverle el brillo, aplicamos goma-laca a muñequilla, y...¡el resultado salta a la vista!.


Nuestra pequeña sillita isabelina (también conocida como "de baile") está lista para ser expuesta y admirada su belleza.





Como siempre, espero que os haya gustado el trabajo, y toméis en consideración las premisas expuestas: 
la mínima intervención es una de las bases de una correcta restauración.

¡Hasta pronto!

domingo, 15 de septiembre de 2013

Restauración de un espejo Imperio

Hola amigos lectores, como ya os anuncié hace poco, hoy vamos a hablar de restauración de dorados.

Se trata de un espejo Imperio, de madera estucada, dorada y corlada (técnica que consiste en imitar el dorado usando plata fina teñida con goma-laca y tintes naturales como azafrán, cúrcuma...) en zonas concretas. Conservaba el espejo original, y aunque tenía el azogue bastante deteriorado, ya sabéis que es muy importante en lo que respecta al valor final de la pieza.

Cuando llegó a mis manos..., bueno..., estaba deshecho... Las termitas habían decidido comérselo casi por completo..., porque como ya sabréis los seguidores del blog, son insectos lucífugos, y a la vez que se alimentan de la madera, van dejando una fina capa externa, que las protege de la luz. Esto, en muchos casos, supone un gran problema a la hora de localizar el ataque, ya que de cara al "público", el mueble está intacto. Eso sí, si palpáis el mueble, y hacéis un poquito de presión en los puntos atacados por las termitas, la capa de "papel de cebolla" cederá, y se derramarán todos los "pellets" o defecaciones de los insectos, e incluso, si el ataque sigue activo, podréis ver a estos pequeños insectos albinos comiendo sin parar.

Aparte de eso, el oro estaba muy sucio, y tenía numerosas faltas en el estucado, incluyendo la pérdida completa de una pieza tallada del lateral.

Éstas son las imágenes del aspecto inicial del espejo.
Suciedad general, roturas varias en el estucado y faltaba la pieza del lateral superior izquierdo
Detalle de grietas y faltas


El copete estaba prácticamente desprendido del cuerpo del espejo, ya que era una de las zonas más afectadas por la termitas
Detalle de cómo la cáscara del dorado que las termitas dejaron para protegerse, había cedido.
Éste era el aspecto inicial de la trasera del espejo..., antes de quitarle las maderas que cubrían la luna...

Y ésta, la sorpresa que hallamos cuando quitamos las tablas....
El proceso de trabajo pasó por : 

- la limpieza general de todo el espejo, mediante el uso de hiel de buey.


- la eliminación de todas las capas de "papel de cebolla" de la trasera, para poder vaciar las galerías de excrementos, y así poder desinsectar correctamente. Aunque en este caso, el ataque de los insectos no estaba activo, se realizó el tratamiento preventivo y protector de la madera.


- la aplicación de consolidante Paraloid a la madera atacada, ya que de no hacerlo, al aplicar masilla de relleno, ésta podría generar tensiones en la madera, en el estuco y por último en el oro, agrietándolo.


- una vez seco el Paraloid, enmasillamos, estucamos, lijamos hasta nivelar con el resto de la superficie, y aplicamos bol amarillo, que fue el empleado originalmente en este espejo.


- a continuación, fijaremos el copete, que fue la pieza que más problemas dio, para ello previamente se "apuntaló" con masilla toda la zona comida por las termitas.

- se encoló todo el espejo, y se le añadieron unas piezas de refuerzo en las esquinas, ya que el espejo había quedado muy debilitado tras el ataque de las termitas, y a pesar de haberlo rellenado con estuco, es preferible no arriesgar. Estas piezas se protegerán y barnizarán, para evitar futuros ataques de xilófagos e integrarlas en el espejo.





- en la parte frontal, se rehízo la pieza que faltaba en el lateral, y todas las faltas del estuco



- finalmente estucamos todo lo reconstruido en la parte frontal, y ya está listo para reintegrar las lagunas del dorado.




En este caso, para conseguir el efecto deseado, optamos por reintegrar las lagunas mediante la técnica efecto-oro.

Le colocamos su espejo, una trasera nueva y...

Éste fue el resultado...






La anécdota es que este espejo fue encontrado en la basura... Hubiera sido una verdadera lástima perderlo, ¿verdad?


Un gran abrazo, la próxima entrada... ¡Sorpresa!



martes, 23 de julio de 2013

Cómo hacer un ensamble de Cola de milano

Hola queridos lectores, otra vez atareada en el taller y con el blog un poco abandonado..., pero ya sabéis que después os recompenso con interesantes entradas sobre los trabajos que salen del taller!.

Hoy quisiera hablaros, dentro del espacio dedicado a la ebanistería, del ensamble de cola de milano, ya que muchas veces, alumnos, clientes o conocidos me preguntan qué es, cómo se hace, para qué se usa...

Pues bien, este ensamble se usa sobre todo, para la construcción de gavetas o cajones, en muebles de calidad media-alta, debido a que su peculiar construcción lo hace especialmente fuerte y resistente a la tracción que se ejerza, a pesar de que la cola falle.

El otro uso popular que se le da, es en la construcción de cajas y arcones, donde si la unión es ajustada resulta no sólo fuerte, sino atractiva ( el juego de la veta de la testa, con la longitudinal, crea un bello efecto con alto nivel decorativo). Hay variantes de la cola de milano, en la que se añaden plantillas con diversos dibujos ( dependiendo del ebanista que lo realice) que hacen que la pieza sea aún más vistosa, como es el caso del "diente de perro" usado en los baúles de cedro canarios.
Su nombre deriva de su forma trapezoidal, que se asemeja a la cola de un ave llamada "Milano".

La construcción de la cola de milano básica es sencilla y divertida, y lo mejor de todo es que no nos hace falta tener una maquinaria especializada, tan sólo elementos para el diseño (lápiz, escuadra...), serrucho, sierra de calar, un escoplo o formón y una maza. Por supuesto que su fabricación puede realizarse con maquinaria, por ejemplo, algunos de los cortes los podemos llevar a cabo con la sierra sinfin, o incluso venden piezas para la fresadora con las que se realizan en cuestión de minutos, pero ya que se trata de aprender, nada mejor que hacerlo con herramientas manuales, que aparte de ayudarnos a adquirir destreza, nos aseguran poder realizar este trabajo sin necesidad de tener maquinaria en el taller. Y lo más importante, si estamos restaurando un mueble y debemos reproducir una cola de milano, debemos hacerla como antaño, es decir, a mano.

El primer paso sería plantear el dibujo de la cola de milano. Existen plantillas en el mercado que facilitan el marcado, pero quiero que aprendáis a marcar desde cero, después vosotros decidiréis si comprar o no. Las tablas que usemos deben ser de igual ancho y grosor.

Debemos tener en cuenta que el ángulo de apertura debe ser de unos 80º desde la base, o bien mantener una proporción de 1 a 5.

La distancia entre las colas de milano, dependerá de si nos gustan más juntas o más separadas. Lo que sí debemos tener en cuenta es que las semi-espigas no sean más estrechas que el grosor de la pieza de madera, ya que si no, podrían partirse.

Una vez tengamos claro el diseño lo traspasamos a  una de las piezas de madera, que previamente habremos preparado, con el mismo grosor, tal y como vemos en las imágenes.

Dejamos 2 cm por cada lado y marcamos el centro
Marcamos el centro entre las marcas anteriores

Tomando como centro, los hallados anteriormente,
marcamos la medida de la base de la cola de milano



Marcamos la medida de la parte alta de la cola de milano y unimos con una línea


Alargamos las líneas a la testa de la tabla, de forma que nos sirva de guía para el serrucho
Fijamos la pieza en un tornillo de banco y serrucho de costilla en mano, comenzamos a cortar....



Fijamos la tabla en la prensa del banco de trabajo,
o con unos sargentos a una mesa
Comenzamos a cortar con un serrucho de costilla     
Seguimos la dirección del dibujo de la cola de milano,
hasta llegar a la línea que marca el alto de las colas




Eliminamos los bordes con el serrucho
 Una vez tenemos todas las marcas serruchadas, debemos quitar la pieza sobrante, y para ello, ponemos nuestra pieza sobre el banco de carpintero, o mesa de trabajo, la fijamos con un sargento por el extremo contrario al que vamos a trabajar, protegiendo la madera con taquito (es muy importante ir guardando restos y sobrantes de cortes de madera porque nos serán muy útiles en casos como éste), y con el formón que más se adapte, vamos eliminando la parte que sobra tal y como se muestra en la imagen. Primero marcamos el límite, y después quitamos una lasca..., así hasta el final.
Fijamos la tabla a una mesa con un sargento porque ahora deberemos eliminar las partes sobrantes, que no podemos serruchar

Cogemos un formón del ancho adecuado para que cubra el espacio a eliminar,
y marcamos el límite (la marca del lápiz que delimita el alto de la cola) golpeando el cabo del formón con una maza o martillo de cabeza de nylon.
Esto va a evitar que cuando quitemos la primera lasca, se nos astille la madera o nos pasemos de la medida.

Con el formón en horizontal eliminamos una lasca, hasta el límite marcado anteriormente.

Otra lasca...

Mismo procedimiento...

Hasta eliminar por completo el sobrante. Y ahora lo mismo para el otro pedazo sobrante.

Éste debe ser el resultado final
 Ya tenemos la primera parte del trabajo hecha. Vamos a por el encaje de nuestro puzzle.

Tomamos la primera pieza a modo de plantilla, y marcamos el contorno sobre la testa de la segunda pieza. A continuación marcamos la profundidad del corte, que será la misma que el grueso de las piezas. Fijaros en la imagen.

Y repetimos la operación de corte, fijamos la pieza en el tornillo de banco, y a serruchar!.

Usamos la primera tabla como plantilla, y marcamos sobre la testa de la otra pieza las colas que hemos recortado.


También traspasamos la medida de la profundidad que tendrán estos segundos cortes

Y alargamos las líneas hasta el límite de esa medida

Fijamos tabla y cortamos...
 Seguidamente, pasamos a la mesa y eliminamos el sobrante con el formón.

Vamos vaciando la pieza sobrante.
Recordemos: marcar límite...

...quitar lasca.


Así hasta dejar preparada la segunda parte de nuestro puzzle
 Ya tenemos las piezas del puzzle, ahora comprobemos que encajan y... voilà!!. Nuestro ensamble terminado.
encajamos las piezas...


Y ya tenemos nuestra cola de milano!

Hay que tener en cuenta que el encaje debe quedar bastante ajustado, pero, como todo, la experiencia es un grado, y si a la primera no os queda todo lo ajustado que debiera, hay truquitos.

En el caso de que no entre una pieza en la otra, cogeremos una lima e iremos retocando las zonas que impiden que encajen.

En el caso de que os haya quedado holgado, podemos meter unas lasquitas de madera en las ranuras (si son muy grandes), o en el caso de que sean pequeños huecos, rellenar con masilla, o una vez montada la pieza con cola, lijamos sin eliminar el sobrante de cola (hará el mismo efecto de la masilla al unirse el serrín con la cola).

Otra entrada la dedicaré a hablarles de la variante más decorativa de la cola de milano. En Canarias la llamamos "diente de perro", y se usa sobre todo como ensamble en los famosos baúles de cedro.

Pues bien, ésta ha sido la entrada de hoy... Espero que os sea de mucha utilidad!.

Lo próximo...un trabajito de restauración de dorados.


                            ¡¡Un abrazo!!



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